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43. Miloko

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos. A Nakia le gustaba ir de vez en cuando a las rebajas en enero y agosto. Siempre se daba una vuelta por las tiendas a ver si caía algún pequeño capricho; un pantalón, una falda, una camiseta… cualquier cosa le vendría bien. En una ocasión, sucedió que tenía una boda en septiembre. —Me compraré en las rebajas una falda roja, que me pondré con la blusa blanca de volantes y con el juego de bolso y zapatos rojos – decidió. Sin embargo, por más que recorrió las tiendas, no encontró lo que necesitaba. Encontró una falda de Gucci que, aun estando rebajada, cuadruplicaba el presupuesto que ella tenía intención de gastarse. Así que optó por comprarse una falda de una marca muy normalita del mercado a su precio habitual de temporada.   Cuando sucedió lo de Marte, Nakia dejó de salir sola a la calle por temor a encontrárselo. Su pueblo era muy pequeño y al no tener orden de alejamiento… Iba a la panadería, se lo encontraba. Iba a la farmac...

42. Tinto a sabor intenso

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos. Una mañana de domingo Nakia y Álex desayunaban en su cocina cálida e iluminada. Un día más, como entre otros tantos, Álex la invitó a bailar al son de la música ambiental. Allí estaban los dos abrazados casi sin moverse de la baldosa. Ella con su cara acurrucada en el cuello de él. Notó cómo sus ojos eran vendados por una prenda suave y oscura. No veía absolutamente nada. Todo negro. —Vamos a la habitación. Yo te guío – le susurró Álex al oído. Así que se dejó llevar por él a lo largo del pasillo, siendo empujada levemente por Álex que le abrazaba por la espalda. Notó que abría la puerta del dormitorio y la cerraba a su paso. Le soltó y le dejó en medio de la habitación. —Voy a quitarte el camisón – volvió a susurrarle al oído. —Espera – le detuvo ella - ¿Por qué no nos tumbamos en la cama, mejor? – preguntó. —Porque hoy me apetece follar de pie – le murmuró – Hoy pongo yo las normas. Quiero verte entera, completa, en tres dimensione...

41. Rituales

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Nakia cenaba pronto. Le gustaba acompañar la cena con una copa de Zancúo. Encontró de casualidad en París una tiendecita donde vendían productos españoles y, de vez en cuando, se daba el capricho de adquirir las botellas suficientes para abastecerse hasta la siguiente vez que se desplazase hasta allí. Este vino le traía gratos recuerdos con sus amigos de la ciudad andaluza. Además, su intenso y tostado sabor regaba su paladar impregnando toda su boca a ese gusto penetrante y exquisito. En alguna ocasión, Álex y ella lo habían utilizado en sus juegos sexuales con toques sadomasoquistas, simulando ser sangre. Tras cenar y recoger la cocina, se bebía una tila ardiente mientras planificaba mentalmente el día siguiente. A continuación, iba al baño y colocaba el albornoz encima del radiador para que se calentase con el calor de la calefacción. Se duchaba con agua caliente frotando suavemente su cuerpo con una esponja impregnada de gel con aroma frutal. S...

40. Fue por el calor

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos. Fue por el calor. Nakia estaba tendida en el sofá leyendo La Historia Interminable en francés. Necesitaba mejorar el idioma para su día a día. Vestía una camiseta roja de tirantes y un pantalón corto negro. Las aspas del ventilador oscilante giraban de manera rítmica a escasos tres metros de ella. Pasó la página y apareció una ilustración de Atreyu. Le recordó a Iván por su cabello de media melena. Recordó su despedida con Iván. ¡Aquél poema tan bonito! Iván le cogió la mano y tiró de ella: — ¡Vamos! Echaron a correr por las calles de la ciudad andaluza hasta que llegaron a un paraje llano y pajizo donde el sol calentaba en exceso. En mitad del campo yacía un animal enorme con un ala malherida. Iván le acarició la herida e inmediatamente ésta se esfumó. El animal se levantó del suelo y empezó a agitar sus alas. — ¡Sube! – alentó Iván ofreciéndole su mano como apoyo a Nakia. Nakia subió a lomos del recuperado bicho e Iván montó detrás de ella. Azu...

39. ¿En qué me ayuda a mí?

Tiempo estimado de lectura: 9 minutos. Cuando Nakia denunció por segunda vez a Marte, la derivaron al programa de mujeres maltratadas JUNTO A TI. No entendía cómo habiendo sido archivada la denuncia la destinaban a este programa. Bueno, le vendría bien. Nakia estuvo ocho meses yendo todos los martes a que la psicóloga le dijese: —Sé firme y sé fuerte – le recomendaba la especialista. — ¿Esto es lo que le sugieres a las víctimas de violencia de género? – preguntó Nakia. —No es lo mismo – respondió la experta. —Legalmente no será lo mismo, pero a nivel psicológico los sentimientos de dolor emocional, miedo por ti y por tus hijos, rabia, sufrimiento… ¿no son iguales? – Inquirió Nakia – Mira. Yo no voy a venir más porque este programa a mí no me está ayudando ni resolviendo nada. El psicólogo lo necesita él, no yo. Él es quien no sabe gestionar su rabia y su ira, y es él quien tiene que aprender a controlar sus impulsos y emociones negativas. —Es que el programa no ha finaliz...

38. El almacén de los recuerdos

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos. La ciudad de origen de Nakia era un municipio pequeño. Casi todo el mundo se conocía de vista o de oídas. Ese fue uno de los motivos por los que se marchó a estudiar a la ciudad andaluza. Cuando regresó, conoció a Óscar y se casó con él. Se compraron una casa en un pueblo aún más pequeño. Al finalizar su horario de trabajo Nakia buscaba tranquilidad. Ella era una mujer muy empoderada y muy conocida en su ciudad. Así que huía del constante bullicio y del ruido. Su casa era grande. En la planta baja tenía un garaje que comunicaba con la vivienda, un salón, una cocina y un gran patio. El patio era lo suficientemente grande para instalar una piscina montable, una colchoneta elástica cuando nacieron sus hijos, una mesa grande, una barbacoa para cuando invitaban a los amigos, una mesa de ping-pong y una portería de fútbol. Allí pasaron en familia largas horas del confinamiento. En la primera planta estaban los dormitorios, los baños y una terraz...

37. Las mariposas de aceite

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Un día a finales de julio Nakia llevó a su madre a Urgencias pensando que le estaba dando un golpe de calor. Cuando ingresó, el médico le explicó claramente que ya no saldría de allí. Fue un choque entre realidad y esperanza. Realidad porque Nakia había apreciado el lento deterioro de su madre en los últimos meses. Esperanza porque siempre habían regresado a casa y pensó que esa visita al hospital sería una más como las anteriores. Estando en el lecho de muerte sus padres cumplieron cincuenta años de casados. —Mar, hoy es nuestro aniversario. Son nuestras bodas de oro ¿te acuerdas? – preguntó el padre de Nakia, un hombre ya mayor con algunos despistes que asomaban de vez en cuando a su cerebro. —Rrrrr – respiró profundamente su madre con un ronquido rítmico causado por la sedación. —Dice que sí, que se acuerda – tradujo Nakia. —Mira, me he puesto esta camisa ¿te gusta? – preguntó él. —Rrrrr – volvió a respirar de nuevo. —Dice ...